Ácidos grasos fraccionados Eritrocitarios - Laboratorio Calderon

Ácidos grasos fraccionados Eritrocitarios

Cuantifica los ácidos grasos Omega 3, 6 y 9 en sangre.

Test clínicos ácidos grasos centro diagnóstico Calderón

La dieta occidental actual presenta un claro desequilibrio en ácidos grasos, con un exceso de grasas saturadas, trans y omega 6 y un defecto de omega 3. Ello incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares y genera un contexto de inflamación crónica.

La estimación de la ingesta de los diferentes ácidos grasos es siempre inexacta por lo que resulta necesario obtener información específica sobre el estado de los ácidos grasos. El análisis de AGs eritrocitarios es un biomarcador aceptado, pues las membranas celulares de los hematíes se enriquecen con AGs no sólo durante su maduración sino también a través de intercambio directo con el plasma. Por este motivo el análisis eritrocitario refleja el consumo de ácidos grasos de los 3 últimos meses, lo que supone una clara ventaja frente al análisis en suero, que únicamente nos informaba sobre el consumo de 7 a 10 días.

Ejemplos de documentación e informes

Aquí podrás visualizar el ejemplo de solicitud de pruebas tal y como recibirás con el kit, también encontraras un ejemplo de informe como el que recibirás con los resultados, y tanto un pdf como un video con las instrucciones a seguir para la prueba.

Gastos de envío:

Están incluidos en el precio final del kit, salvo cuando las muestras procedan de las Islas Canarias; En este caso se abonará un suplemento de 15€ (IVA incl.).

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Las grasas que consumimos con los alimentos son un conjunto heterogéneo de sustancias compuestas fundamentalmente por triglicéridos (es decir, ácidos grasos unidos entre sí), pero también por colesterol, esteroles y fosfolípidos. Todas ellas cumplen importantes funciones en el ser humano: sirven como elemento para almacenar energía, como combustible para producir energía, forman parte de las membranas de las células, participan en la síntesis de hormonas y ácidos biliares, y participan en la agregación de las plaquetas y en la activación de la coagulación. Por lo tanto, la alimentación debe incluir grasas en su composición.

Grasas saturadas: Son triglicéridos que contienen ácidos grasos «sencillos», es decir, sin ningún doble enlace en su estructura química. Tienen efectos desfavorables sobre la salud por aumentar los niveles en sangre de colesterol LDL o colesterol «malo», subir la tensión arterial, incrementar el riesgo de trombosis y elevar el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular. Están presentes en todas las grasas de origen animal (carnes rojas, leche y derivados); pero también hay grasas saturadas de origen vegetal. El ácido palmítico (aceite de palma y palmiste) y el ácido láurico (aceite de coco) son grasas saturadas de origen vegetal, y también desfavorables para la salud cardiovascular. En cambio, el ácido esteárico, presente en el chocolate, y que también es un ácido graso saturado, se comporta de forma beneficiosa sobre la salud cardiovascular dada su metabolización en el organismo a ácido oleico (monoinsaturado).

Grasas monoinsaturadas: Son triglicéridos que contienen ácidos grasos en cuya estructura hay un único doble enlace. Aquí se incluyen los ácidos grasos de la familia omega 9 (n-9), cuyo principal representante es el ácido oleico, presente en el aceite de oliva y en los frutos secos. Estas grasas mejoran notablemente el riesgo cardiovascular. Disminuyen ligeramente el colesterol de las LDL o colesterol «malo» y aumentan ligeramente el colesterol de las HDL o colesterol «bueno». Además, las grasas monoinsaturadas mejorarían la tensión arterial, la capacidad de trombosis de la sangre, la inflamación en la pared arterial, y el control metabólico de la diabetes mellitus tipo 2.

Grasas poliinsaturadas: Son triglicéridos cuyos ácidos grasos contienen dos o más dobles enlaces en su estructura química. Se incluyen dos familias: los ácidos grasos omega 6 (n-6), procedentes de los vegetales, y los ácidos grasos omega 3 (n-3), que se encuentran en los pescados y mariscos y en frutos secos. Son muy beneficiosos para la salud cardiovascular, especialmente los omega 3.

    • Los ácidos grasos n-6 tienen como representante al ácido linoleico, que encontramos en los aceites vegetales (girasol, maíz, soja) y en los frutos secos. Ejercen un efecto de descenso de los colesteroles LDL y HDL. No queda claro su papel por ellos mismos en la prevención de la enfermedad cardiovascular. Pero, en cambio, en caso de sustituir a las grasas saturadas, sí reducen el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular.
    • Los ácidos grasos n-3 están en los pescados (sobre todo, en el pescado azul) y en el marisco; sus representantes son el ácido eicosapentaenoico y el ácido docosahexaenoico. También están en vegetales (aceites de soja, de canola-colza, las hortalizas de hoja verde y las nueces); el representante es el ácido alfa linolénico. Los ácidos grasos n-3 producen numerosos efectos beneficiosos: disminuyen la concentración en sangre de triglicéridos y aumentan la del colesterol de las HDL, reducen la presión arterial, previenen los trombos arteriales, reducen la incidencia de arritmias ventriculares tras un infarto de miocardio, y reducen el riesgo de muerte súbita en individuos previamente sanos. En definitiva, reducen claramente la incidencia de enfermedad cardiovascular o su recidiva o la muerte por ella en los individuos que los consumen.

Grasas hidrogenadas o grasas trans: Son grasas no presentes en la naturaleza hasta su aparición en la industria alimentaria humana. Se originan a partir de los ácidos grasos insaturados por un proceso de hidrogenación. La hidrogenación consiste en añadir, a altas temperaturas, átomos de hidrógeno a los ácidos grasos insaturados (generalmente ácidos monoinsaturados). Así, a partir de una grasa líquida (la monoinsaturada) se forma una grasa más sólida a la que se puede decir que es «de origen vegetal», y que, además, hace que los productos confeccionados con ella duren más, mantengan por más tiempo la consistencia deseada y tengan un mejor sabor. Por todo ello, estas grasas son ideales en la bollería industrial y en la producción de margarinas de consistencia dura. Sin embargo, a pesar de ser «vegetales», las grasas trans tiene unos efectos dañinos sobre las grasas de la sangre aumentando los valores de colesterol de las LDL y reduciendo los de colesterol de las HDL, tienen un efecto de potenciar la inflamación sobre la pared arterial, incrementan el riesgo de desarrollar una diabetes mellitus tipo 2 e incrementan el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular, incluso más que las grasas saturadas.

Colesterol de la dieta: Curiosamente, el colesterol de los alimentos no produce grandes efectos sobre el nivel de colesterol de la sangre. Esto es cierto para la mayoría de personas, aunque también encontramos algunos individuos que modifican mucho el colesterol de la sangre frente a cualquier modificación en la cantidad de colesterol de la dieta. El colesterol se encuentra únicamente en alimentos de origen animal, como carnes, vísceras, embutidos, lácteos enteros (leche, queso, mantequilla), huevos, pescado y marisco. Pero, puesto que muchos de estos alimentos también contienen grasas saturadas en su composición, no es aconsejable consumirlos en exceso.

Se llama enfermedad cardiovascular (CV) a toda enfermedad que afecte al corazón y los vasos sanguíneos. Un tipo frecuente de enfermedad CV ocurre cuando los vasos sanguíneos que suministran sangre al corazón se estrechan o se obstruyen. Esta es la causa principal de los ataques al corazón y la insuficiencia cardiaca.

Comer alimentos con alto contenido de grasas saturadas y grasas trans puede elevar los niveles de colesterol y triglicéridos en la sangre. El exceso de colesterol en la sangre puede hacer que se acumule placa en los vasos sanguíneos que suministran sangre al corazón. Esta acumulación puede hacer que los vasos se estrechen o se tapen. Los niveles altos de colesterol y la presión arterial alta pueden aumentar el riesgo de sufrir enfermedad CV y podrían ocasionar un ataque cardiaco. Las personas con niveles altos de triglicéridos también pueden correr el riesgo de sufrir enfermedad CV.

La inflamación sea aguda o crónica siempre estará encaminada a restablecer la homeostasis óptima.

La inflamación aguda se caracteriza por los signos clásicos de rubor, calor, tumor, dolor y su objetivo inmediato es eliminar los agentes causales, el tejido necrótico y restablecer la integridad tisular. Es una respuesta inmunológica que suele durar solo unos pocos días y se encamina a la curación.

La inflamación crónica, sistémica o silenciosa no se cataloga como una enfermedad, pero se sitúa en el origen de múltiples patologías a largo plazo, como son la aterosclerosis, la obesidad, la depresión, el Alzheimer, la esquizofrenia y la osteoporosis a las que se les pueden sumar el asma, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2. Ha quedado demostrada su relación directa con los hábitos alimentarios, de ahí el creciente interés por su control.

Esta inflamación de bajo grado puede estar favorecida o no por los nutrientes que consumamos. Es necesario conocer que los diferentes macronutrientes de cualquier dieta pueden llegar a ser pro-inflamatorios o antiinflamatorios.

En este proceso juegan un papel determinante, los ácidos grasos omega-3 y omega-6, ya que son precursores de los eicosanoides proinflamatorios y las resolvinas antiinflamatorias. Para favorecer una buena salud debe existir un equilibrio entre ellos. Aunque las investigaciones apuntan a que debemos intentar alcanzar una relación más próxima a 1:1, la proporción de las dietas occidentales alcanzan valores de hasta 15:1 a favor de los ácidos grasos omega 6.

Esta desproporción se ha relacionado con afectaciones en la salud, la ingesta en exceso de los ácidos grasos tipos Omega 6 generan precursores del ácido araquidónico (AA), que es el ladrillo de construcción de los proinflamatorios, mediadores de la inflamación celular, que son los que dan inicio al proceso inflamatorio crónico.

La estimación de la ingesta de los diferentes ácidos grasos es siempre inexacta por lo que resulta necesario obtener información específica sobre el estado de los ácidos grasos. El análisis de AGs eritrocitarios es un biomarcador aceptado, pues las membranas celulares de los hematíes se enriquecen con AGs no sólo durante su maduración sino también a través de intercambio directo con el plasma. Por este motivo el análisis eritrocitario refleja el consumo de ácidos grasos de los 3 últimos meses, lo que supone una clara ventaja frente al análisis en suero, que únicamente nos informaba sobre el consumo de 7 a 10 días.

El análisis de ácidos grasos fraccionados aporta una información muy detallada en diferentes aspectos:

Niveles de cada uno de los ácidos grasos clasificándolos en función de su estructura molecular, expresados todos ellos en relación a un rango de normalidad:

  • Ácidos grasos omega 3 valorados: eicosapentanoico, docosahexanoico, alfa-linolénico, dihomolinolénico.
  • Ácidos grasos omega 5 valorados: miristoleico, pentadecenoico.
  • Ácidos grasos omega 6 valorados: linoleico, linoelaídico, gammalinolénico, dihomogammalinolénico, docosapentanoico, eicosadienoico, araquidónico, docosadienoico.
  • Ácidos grasos omega 7 valorados: palmitoleico, heptadecenoico.
  • Ácidos grasos omega 9 valorados: erúcico, eláidico, oleico, eicosenoico, nervónico.
  • Ácidos grasos saturados valorados: láurico, tridecanoico, mirístico, pentadecanoico, palmítico, margárico, esteárico, araquídico, heneicosanoico, behénico, lignocérico.

Niveles de cada uno de los grupos de ácidos grasos, indicando en cada caso los alimentos más habituales que los contienen: Omega 3 totales, Omega 5 totales, Omega 7 totales, Omega 9 totales, Saturados, Monoinsaturados, Poliinsaturados e Insaturados trans.

Índices de interés clínico: además de los niveles de cada uno de los ácidos grasos el informe aporta una serie de valores trascendentes para la evaluación por parte del médico del estado de salud y de la calidad de su alimentación.

  • Cociente AA/EPA (Araquidónico/Eicosapentanoico): indicador del estado inflamatorio.
  • Índice (EPA + DHA).
  • Cociente W6/W3
  • Eficacia de saturación: (LA/GLA): Indicador de la actividad de las enzimas desaturasas, activadoras de la formación de ácido araquidónico, aumentadas en situaciones de estrés, picos de insulina o niveles bajos de W3.
  • Fluidez de membrana (C18:1cis/trans)

La evaluación de Grasas Alimentarias se puede realizar a cualquier edad (infancia, adolescencia, edad adulta y vejez) y está especialmente indicada en:

  • Personas que quieran conocer la calidad de las grasas que ingieren en su dieta habitual.
  • Pacientes con enfermedades inflamatorias, inmunes o alérgicas.
  • Pacientes con enfermedades cardiovasculares (dislipemias, hipertensión, síndrome metabólico, etc.)
  • Pacientes con alteraciones del estado del ánimo, del humor, del comportamiento o déficit cognitivo.
  • Personas que desean gestionar proactivamente su salud.